Extractos de "La Psicología del Toro"

En la vida del toro en colectividad, el toro verdaderamente bravo no acomete a los demás y, consciente de su poder, aparece pacifico y tranquilo; lo contrario del toro débil, que carga y desafía y se rodea de un gran aparato amenazador antes de acometer. Toros que tal hacen suelen ser mansos. Estudiando las costumbres de los toros, describe el toro mandón, como le llaman los ganaderos, que pretende siempre imponerse con sus flamenquerías análogas a las humanas. Trata, finalmente, del lenguaje del toro. Este muge de distintas formas y expresa distintamente su estado de animo: muge por celos, por pelea, demandando ayuda, y muge en la huida. En este ultimo caso, el mugido time dos modalidades perfectamente diferenciables, según que huya desafiando o totalmente vencido.

Característico de estos temperamentos es el autismo, o sea, el no permitir que nadie se adentre en su ser; tal carácter cree descubrirlo en el empeño del toro, pese a su instinto gregario, de aislarse, de separarse en el campo, y «cuando una res nueva entra en la piara es recibida con hostilidad y los primeros días la hacen (las demás) victima de golpes y pernadas, hasta que se amadrinan, según la expresión pastoril; el toro bravo rechaza la res desconocida, le molesta la presencia de un extraño, incompatible con su aislamiento individual». Otra propiedad específica del temperamento esquizotímico es la timidez, y aunque Sanz Egaña no se atreve a aceptar en el toro semejante sentimiento emotivo, piensa que «la timidez resbala fácilmente al miedo y el toro es un animal miedoso, reacción de defensa que se traduce por signos exteriores manifiestos al observador».

El toro acomete a los objetos o seres movibles por miedo; el toro ante un móvil, repara, se espanta…; en ocasiones, el miedo es superlativo, y se desmanda huyendo sin dirección; el toro acomete a la muleta roja porque le molesta a la vista, fatiga la retina, le ocasiona dolor y quiere librarse del sufrimiento.»

Existe también en el toro la memoria o facultad asociativa de imágenes o estados de conciencia, y en general, de toda clase de fenómenos psíquicos, ya sean conocimientos, sentimientos o tendencias. La complejidad de esta función puede hacer suponer en el toro la inteligencia en grado superior. Pero tales fenómenos pueden interpretarse suficientemente en el toro de sentido porque asocie la idea del hombre a la del castigo en la dehesa por algún pastor, y ello le decide a atacar a este y no al trapo.

Los toros son animales bastante emotivos; cualquier fenómeno les irrita, como les sucede hasta con las moscas, que a veces les hacen estar con la cabeza metida entre la hierba o salir corriendo ciegamente con el rabo erecto.

La codicia en el toro es también originada por la excitación o irritabilidad que le produce el engaño constante del torero, el cual le exaspera cada vez mas y a lo cual aquel reacciona comiéndole el terreno. La cualidad opuesta es la incertidumbre, la indecisión, la perplejidad en acudir al engaño queriendo atacar a todo y no haciéndolo a nada o quedándose en la suerte por falta de hostilidad hacia quienes le rodean.

Siente el toro simpatía o antipatía por pastores y lugares (querencias), en los que encuentra sensaciones gratas, llegando a dejarse acariciar hasta por niños. No ha sido este caso infrecuente, y es digno de recordarse el del toro Civilon, de Cobaleda, que tanto dio que hablar y que tan mediano juego dio en la plaza. Les agrada no variar de cama, comen en el mismo sido siempre y, recordando los lugares vividos por ellos, recorren distancias enormes, volviendo a sus dehesas, cuando son separados de ellas y pueden hacerlo, con una facilidad para recordar y reconocer caminos y sendas que el hombre no tiene.

En la vida sexual ya quedan reseñadas sus costumbres mas características, y en busca de emociones agradables luchan unos toros con otros, dándose frecuentes casos de chulería propios del hipergenitalismo.

Las emociones son exteriorizadas por el toro por medio de las actitudes o gestos que constituyen una forma especial de expresión (mímica), a la que aluden palabras como: estampía, encampanarse, extraño, respingo, cernerse, amusgar ,ventear, etc. El mugido o bramido del toro, en sus múltiples modalidades de intensidad y tono, expresa lo mismo el amor maternal de la madre que llama al ternero, que la ira de un toro que huye o que desafía a su contrincante o que el dolor físico que una herida les produce. Cuando con-templan en corro los toros una pelea, comentan sus incidentes en forma de rumor o verraqueo que anima a los toros luchadores. Cuando alguna victima surge, la plebe taurina rodea al muerto dando muestras de horror y a la vez de complacencia.

Cuando el animal se ve forzado entre dos tendencias, forzosamente necesita elegir (ejercer una volición) la que mas le atraiga en presencia de percepciones y sentimientos recordados y asociados. Si una vaca come y oye la voz de la cría, elige entre ir o seguir pastando.

Los movimientos de todas estas clases son en el toro de gran energía, ya que la falta de ideación superior le hace obrar en el sentido egoísta que de momento le atrae con mayor fuerza: el hambre, la emoción sexual, etc.

Por el instinto de asociación, los toros gustan de vivir en manadas y se enfurecen y excitan al verse solos, atacando a todo cuando se les pone por delante. Por el de imitación andan tras los cabestros tranquilamente, y por el son domados los bueyes domésticos.

La vista de la sangre solivianta a los toros (de aquí el color rojo de las capas), porque les recuerda la lucha y a ella se aprestan nerviosos y crueles, pegando todos al que resulta vencido y acatando vasallaje al vencedor según los casos. Este instinto de lucha es la acometividad o bravura tan característica del toro y cuya mayor o menor carencia constituye la mansedumbre.

El toro vencedor asocia la idea de la victoria a las agradables de dominar a sus semejantes, que le ceden por terror la comida y las vacas que prefiera en la ganadería. Y este recuerdo asociativo, que muchos consideran el principio de la inteligencia, le hace insistir en la pelea con quien osa discutir su primacía o su puesto de mandón, según le llaman los vaqueros. Esta acometividad seguramente será consecuencia del mayor o menor grado funcional endocrino de las glándulas genitales masculinas, activadas por las suprarrenales hasta originar el hipergenitalismo. En las hembras no existe el hiperovarismo, sino más bien el hipervirilismo.

carlos salazar  


Si mucho reprimimos…

Bogotá 8 de febrero de 2004

Aprovechando un grato atardecer bogotano, divago y escribo con el deseo de participar en el “Paseillo” del tema actual. Puedo decir, sin demeritar a quienes reenvían el correo de “Esfera Pública” que aparte de uno que otro par de banderillas y una que otra embestida, la corrida está sosa y sin gracia, los toros sin casta, los toreros sin ángel, incluso, la Presidencia negligente.

Quiero acotar que aunque no sea tan sofisticado como un producto transgénico y que Dios me perdone, por cruzamientos, el toro de lidia es un producto absolutamente humano… Y preguntar, donde estaban quienes hoy se rasgan las vestiduras cuando el Ministerio de Cultura dio el rango de tradición, a la tauromaquia?

Es bueno que las sociedades tiendan a mejorar su comportamiento ético pero, debemos recordar que nosotros mismos, somos “demasiado humanos” y que tal vez, si mucho reprimimos nuestros atavismos puede, como sucedió en la civilizada Alemania, resurgir el caníbal…

Antonio Caro