Sin título de Arturo Duclos, con postdatas*

Me afirmo en la idea de que no es suficiente ir una sola vez al Museo de Arte Moderno de Bogotá, a ver la reflexión de los artistas latinoamericanos sobre la vocación de animalidad presente en algunos de nosotros, los llamados seres humanos. En esta oportunidad me demoré frente a Sin título, instalación de Arturo Duclos. Sin título es todo lo que alcanza a decir el artista a propósito de su construcción: ¿hay algo más que podríamos decir? Sus ideas son tan claras que es inocuo pretender decir algo más. No obstante, todo artista espera que sea mucho lo que se pueda decir de sus ideas. En efecto, si la humanidad es el motivo de su reflexión, o si su metáfora sugiere que la animalidad que promueve nuestra época ha roído hasta sus huesos a la humanidad, es mucho lo que podemos decir a este respecto. No obstante, estas dos interpretaciones son redundantes, la energía que transportan  los elementos con que fue construida la instalación invalida cualquier interpretación, esta energía se ha convertido en la presencia misma de la humanidad en el Museo. Estos elementos construyen el lugar, la memoria, el monumento, si se quiere, que orientará nuestra comprensión en adelante. Duclos afirma: una nación no se construye con base en la violación de los derechos humanos. Y si logra hacerlo no debe olvidarlo. Nos pregunta: ¿dónde están los monumentos que nos recuerdan nuestros muertos? ¿Qué inteligencia mendaz intenta desaparecerlos una vez más  de nuestro horizonte de comprensión? Los artistas contemporáneos responden que el arte ya no hace monumentos. Tienen razón cuando sospechan que hablar de monumentos es legitimar el proyecto humanístico con base en la idea de progreso. Se equivocan si se conforman con esta reducción de la humanidad.  Y nosotros, quienes no somos artistas, ¿qué le responderemos a Duclos?

POSDATA LUCAS OSPINA

Con el ánimo de persistir en una salida negociada al conflicto estético bogotano, sugerí, entre otros, los nombres de espíritus críticos con rostro como los de Lucas Ospina y Jaime Iregui para asumir responsabilidades en las instituciones que reciben dineros públicos. El lugar que ha construido este último, Esfera Pública, es el resultado de inquietudes e ideas plásticas que legitiman su participación en un proyecto de transformación de las políticas que dirigen nuestras prácticas artísticas en la ciudad.

Ahora, el Estado no puede justificarse en Botero y seguir haciéndose el de la vista gorda, sin hacerse responsable de una malversación de fondos públicos; si persiste en ignorar los reclamos que le hace la ciudadanía bogotana conocedora de estos asuntos, se deslegitima también junto con las instituciones involucradas; si insiste en delegar sus responsabilidades en instituciones privadas sin hacerles ningún tipo seguimiento efectivo, es decir, no burocrático, con base sólo en papeleos que tramitan secretarias y contadores. Debe comprender que si las universidades no pueden existir sin estudiantes, las instituciones artísticas tampoco tienen razón de ser sin artistas, que éstas no sobrevivirán sin la participación activa de sus artistas.

He mirado los argumentos estéticos recientes de Lucas Ospina desde otra perspectiva, para los económicos no soy competente. Menciona a Eduardo Serrano, a Beatriz González, a Doris Salcedo, a Alvaro Medina, a José Alejandro Restrepo, a Carolina Ponce de León, todos ellos reconocidos protagonistas de la vida artística de nuestro país. ¿No quiere decir esto que por el Museo de Arte Moderno han pasado, por no decir que allí se han formado, ilustres hombres y mujeres del arte? De ninguno de estos personajes nacionales podemos decir que han desaparecido, Dios no lo quiera, lo digo sin ironía; al contrario, todos ellos están produciendo obra importante.

En el fondo, coincido con la angustia de Lucas Ospina: ¿por qué, si antes ocurrían tantas cosas interesantes alrededor de las instituciones responsables del estimulo a las artes nacionales, por qué, repito, hoy sentimos que pasa tan poco, o casi nada, así nos dé la impresión de que pasan muchas cosas? Ospina parece articular las sospechas de muchos artistas contemporáneos: ¿debemos resignarnos a conformar  una comparsa o una carrosa más de feria para solaz y deleite de las masas en el día en que la solidaridad se vuelve espectáculo, es decir, vitrina de ventas, en la promoción de una imagen positiva para difundir en los medios masivos de comunicación?

Los artistas críticos tienen razón. No obstante, finalmente, sin ser artista, ¿qué es lo que queremos? ¿No es mediante el diálogo que podemos realizar las ideas que tenemos para el arte colombiano? Muchas intervenciones en Esfera Pública, han pedido que pasemos de la crítica a la acción. Por supuesto, esto sólo lo pueden realizar quienes tienen rostro en la red. Por eso he propuesto a quienes tienen rostro, no se trata de un concurso estético, sino de pensar ideas que revitalicen el arte colombiano, así en principio no estemos de acuerdo con ellos. El diálogo es el principio para la acción. De otra manera nuestras instituciones artísticas recibirán un mensaje equivocado: que la crítica institucional sólo es un género artístico más. Es decir, que es esteticismo sin más, que las críticas no pretenden introducir mejoras en el mundo, que es una modalidad más de expresión, y ya.

POSDATA VICTOR ALBARRACIN

La crítica se pervierte cuando la concebimos como polémica, como guerra, Polemos es el padre de todas las guerras. El crítico de arte no le hace la guerra al arte, al contrario, lo comprende, indaga por sus límites, trata de apuntalar sus desmesuras, lo acompaña en sus aventuras por las libertades; lejos está la crítica de arte de ser negatividad pura. La crítica de arte no tiene que ver con la pasión que manifiestan algunos comentaristas de futbol; la crítica es juicio, es un saber relacionar. Como vemos se constituye en el alter ego del artista, no poca cosa. La actitud crítica que  caracteriza al pensamiento moderno no puede reducirse al coraje del que hablaba Kant. Cuando Kant habló del coraje de atreverse a pensar para ser mayor de edad, no estaba pensando en la crítica como negatividad pura. La pensaba para establecerle  límites al pensamiento, para no llevar a la humanidad a un despeñadero.

POSDATA GLORIA ZEA

Consecuente con mi primera apreciación de Desaparecidos, volví al Mambo otro día. Estaba en la recepción, y, de repente, un grupo importante de ciudadanos y ciudadanas ingresaron al Museo. Satisfecho me dije: «qué bueno que vengan jóvenes ejecutivos al museo». Un minuto más tarde me di cuenta de que todos habían ingresado al restaurante, a suplir otras necesidades: en las otras salas los mismos tres gatos. Un poco más tarde, aquéllos charlaban, satisfechos reposaban su almuerzo en la sala del segundo piso, sin percatarse de lo que tenían a su alrededor. ¿De qué hablaban los amigos con sus amigas? No creo que se ocuparan de algo tan trivial para el pensamiento pragmático como es el destino de la humanidad.

Gloria Zea, mejor que nadie, sabe que el nacimiento del Mambo no surgió de un único útero, que su fortalecimiento no estuvo a cargo de una sola persona, que muchos artistas aportaron sus ideas, sus inquietudes y por supuesto sus obras; que el estado sigue invirtiendo recursos importantes en su consolidación, así algunos consideren que hoy agoniza. Tiene claro que cuando Marta Traba pensó en su nombre para la dirección del Mambo, lo hizo porque sabía que ella no dejaría que naufragara esta esperanza de una cultura que no estuviera constituida por bellotas para cerdos, tal y como la conciben los modelos económicos liberales.

Los artistas contemporáneos han captado nuestro presente más allá de ese tiempo mítico del que dan cuenta Botero, Obregón, Villamizar, y Negret. Esta es una oportunidad para que el Mambo invite a sus críticos, más que a  sus amigos lisonjeros, con el propósito de escuchar sus propuestas. La mía es que ingrese un grupo de artistas jóvenes de espíritu, a promover en el Museo actividades que relegitimen ante la ciudadanía bogotana esta institución. En principio, se puede pensar en un grupo conformado por maestros de los Andes, la Nacional, La Javeriana, La Tadeo, la Distrital, para reactivar el arte público en nuestra ciudad. Las facultades de arte de la ciudad, sus jóvenes, pueden llevar al Mambo el emblema que las identifica: el ave fénix. Por supuesto, otros actores pueden considerarse. Hablo de las universidades, porque éstas, mediante acuerdos con el Mambo, pueden facilitar la participación de sus maestros y estudiantes en el rescate del arte público para Bogotá, no se trata ni siquiera de rescatar moralmente al Mambo, el proyecto sería más ambicioso.

Cuando los artistas contemporáneos critican, quieren decir no están de acuerdo con las políticas con que se dirigen las prácticas artísticas en nuestra ciudad. Hacen énfasis más en la manera de relacionarse con el entorno que en el arte de dirigir estas instituciones. Sus críticas se dirigen hacia la primera. Doctora Gloria, no se deje coger la tarde. Marta Traba no se lo perdonaría. Escuche a sus críticos, créame, en el fondo la quieren; desconfíe de los lisonjeros, ésos no quieren el bien para la institución que usted tanto ama.

Jorge Peñuela


(*) Fotografía cortesía de Ernesto Monsalve, Departamento de Fotografía Museo de Arte Moderno de Bogotá.


Maximum perception (festival de performance de Brooklyn)

video recorrido de james kalm


Aquellos que no piensan como nosotros están locos!

Entre el insomnio y la lectura días atrás se me cruzó la frase “Sobre Hitler no se me ocurre nada”[i], atribuida al escritor vienés Karl Kraus, y pensé: a mí tampoco.

En un marco provisional, a mi lado, colgaba una fotografía de Luis Buitrago en la que este artista visual retrata un listón que adosado a una pared de adobe sirve de escaparate para que reposen allí 16 machetes y un escoplo. Los machetes están bien organizados, en un orden marcial, y en sus hojas se refleja un trasegar del que es mejor no preguntarse. El escoplo, que es una herramienta de hierro acerado, con mango de madera, de unos cuarenta centímetros de largo, con la punta cónica y afilada, está ubicado a distancia prudencial de los machetes lo que le concede, en ese conjunto, un aire aristocrático. Una toma limpia y, sin duda, una buena fotografía.

La frase de Karl Kraus y la fotografía de Luis Buitrago me apartaron de la lectura, adentrándome en una reflexión que tiene que ver con el sentido del trabajo del artista y, por ese camino, con ideas quizá ya anacrónicas de lo que hace unas seis o siete décadas se rotuló como Arte comprometido.

Y no es que Kraus, quien en 1899 fundó el diario satírico Die Fackel (La Antorcha) del que hasta 1935 aparecerán novecientos números, no tuviera nada que decir sobre Hitler; más bien creo yo no le interesaba hablar sobre aquel abyecto personaje, y estaba en todo su derecho (en 1919 había publicado una colección de ensayos en contra de la guerra).

Si un artista en su obra hace referencia directa al conflicto que lo circunda, se dice que ha hecho una toma de posición. Si no lo hace, es posible que se le tache de indiferente, falto a la ética, sin compromiso social… o que simplemente sus pares lo señalen como un cobarde. Así, los primeros, es decir los comprometidos, en contraposición a los segundos serán entonces los valientes. Pero como decía un paisano mío: “Corra hombre que de valientes está lleno el cementerio”, y corría, pero la Señora Muerte así la nombra Bukowski fue más veloz y allá lo tiene, tendido, al lado de los valientes. Qué le vamos a hacer.

Quise pensar en la fotografía como en el retrato de un simple escaparate en donde se guardan las herramientas terminada la jornada, pero no pude. Mi ancestro campesino, y mi propia experiencia en las lides agrícolas, me decían que esos 16 machetes y el escoplo (éste, sobre todo) hacía rato servían a otros propósitos. Así, con esa pequeña lámina colgada en mi pared, el fotógrafo estaba pagando su importe como artista comprometido. ¿O quizá era mi ojo el que se empeñaba en ver algo que no estaba retratado? Vaya uno a saber.

En el primer caso Luis Buitrago, el fotógrafo, bien podría decir junto con Bertolt Brecht: “…A mí / que soy consciente de haber dicho la verdad / de los que nos gobiernan, el pájaro fúnebre no necesita / ni siquiera anunciármelo”[ii] y se refiere el poeta alemán al desastre, a la guerra de Hitler que en su obcecación quería arrasar con todo y con todos.

Así, resulta válido para la poesía la idealización a través de la imagen y, con ella, la repulsa a lo que le es adverso o ignominioso. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Por qué no desentendernos de la guerra y del conflicto? ¿Por qué no ignorar a Hitler y a sus émulos del siglo XXI, a los guerreadores y bellacos? Diría yo que es mejor escribir, por ejemplo, sobre lo incómoda que resulta en los aviones la presencia de “esos diplomados en empresariales con sus caras / blandas y complacientes, / entrenados para intercambiar, entre ellos, / y entre los demás pobres mortales, sus negocios…”[iii]. Para qué replicar por las infamias que hay en derredor si están aquellos referidos viajantes de comercio, a quienes es necesario preguntarles: &l
dquo;¿Por qué no se quedan en casa y se dedican a cuidar / a sus abandonadas esposas y a su bobalicona progenie / idiotizada de tanto ver televisión…?”[iv] John Updike, en los versos antes anotados, ya lo hizo.

El poema de Updike al parecer se ocupa de un asunto intrascendente, no se compromete, no se enfrenta a alguno de “los muchos problemas de la humanidad sin resolver”[v] y entre los más urgentes la guerra, tema recurrente en Brecht. En este punto quizá resulte oportuno ¾para acercar el péndulo hacia la propuesta poética de Updike¾ recordar al maestro Estanislao Zuleta hablando sobre la guerra:

 

Pienso que lo más urgente cuando se trata de combatir la guerra es no hacerse ilusiones sobre el carácter y las posibilidades de este combate […] Para combatir la guerra con una posibilidad remota, pero real de éxito, es necesario comenzar por reconocer que el conflicto y la hostilidad, son fenómenos tan constitutivos del vínculo social, como la interdependencia misma, y que la noción de una sociedad armónica es una contradicción en los términos.[vi]

 
Y quizá la posición de no contradecir a nadie no venda pero, en algunas ocasiones, resulta válida, incluso trascendente. Una posición no comprometida en el arte
¾si es que es posible¾ quizá sólo sea la aplicación práctica del enunciado de Rodolfo Llinás referido por García Márquez y según el cual “El cerebro es una máquina para soñar”[vii]. Y se sabe que los sueños trazan caminos, baste recordar al innominado forastero de Las ruinas circulares de Borges.

Estas reflexiones, la fotografía de Luis Buitrago y el insomnio, me llevaron nuevamente a la interrumpida lectura. Se trataba de un compendio de diez miniaturas de crítica de arte escritas por Lucas Ospina. La que había capturado mi atención y en donde se cita la frase de Karl Klaus sobre Hitler termina así: “Sobre los paramilitares no se me ocurre nada. Sobre los guerrilleros no se me ocurre nada. Sobre el gobierno no se me ocurre nada. Sobre los medios no se me ocurre nada.”[viii] A mí tampoco.

Termino por donde comencé, es decir por el título: ¡Aquellos que no piensan como nosotros están locos!, frase del Emperador Justiniano I El Grande en un texto en el que se refiere a la Santísima Trinidad[ix]. Disiento del Emperador (hoy venerado como santo por la Iglesia Ortodoxa) y de todos aquellos que se atenazan en sus posiciones de izquierda, de derecha, o intermedias y me quedo con los locos, con los no compro
metidos
, con los que les hacen poemas o minificciones a las señoras muertas que en los aviones, con discreción, acomodan al lado de los inocentes viajeros como en Servicio a bordo, uno de los cincuenta agujeros negros de Roberto Rubiano Vargas. Y no estoy loco, creo.

 

Carlos Castillo Quintero

Bogotá D.C., agosto de 2008.

Reseña biográfica del autor*


NOTAS

[i] Citado por Lucas Ospina en: “Diez variaciones sobre arte y ética”. Los pasos sobre las huellas / Ensayos sobre crítica de arte. Universidad de los Andes – Ministerio de Cultura, 2007, p. 193.

[ii] Bertolt Brecht. Poemas del lugar y la circunstancia. “Primavera 1938”. Colección La cruz del Sur – Editorial Pre-Textos. Madrid, 2003, p. 63.

[iii] John Updike. Poemas. “Compartimento de maletas en el avión”. Pre-Textos – Poesía. Madrid, 2002, p. 197.

[iv]  Ibíd.

[v] Bertolt Brecht. Poemas del lugar y la circunstancia. “El aparejo de pesca”, p. 97.

[vi]  Estanislao Zuleta. “Sobre la guerra”. En: Sobre la idealización en la vida personal y colectiva y otros ensayos. Procultura, Bogotá, 1985, p. 77.

[vii] Rodolfo Llinás. El cerebro y el mito del yo. Prólogo de Gabriel García Márquez.  Norma, Bogotá, 2003, p. xiii.

[viii] Lucas Ospina. Op. Cit. p. 194.

[ix]  Citado por Estanislao Zuleta. Op. Cit. p. 29.

 

* CARLOS CASTILLO QUINTERO

Ha publicado los poemarios Piel de recuerdo (1990), Burdelianas (1994), Rosa fragmentada (1995), el libro de cuento Los inmortales (2000), la antología El placer de la brevedad/Seis escritores de minificción y un dinosaurio sentado (2005) y el libro de poemas Sin el azul del día (2008) con el cual obtuvo el premio del Consejo Editorial de Autores Boyacenses, CEAB-2007. Con su libro Saga de los amantes (inédito) obtuvo en el 2002 el Premio Nacional de Poesía Universidad Metropolitana de Barranquilla, y con Estación nocturna (inédito) el Premio a la Mejor Obra Boyacense en el VIII Concurso Nacional de Poesía Ciudad de Chiquinquirá.

Realizó estudios de Economía en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC). Diplomado en Creación Narrativa en el Taller de Escritores de la Universidad Central de Bogotá (TEUC).

Fue incluido en la Antología Internacional de Cuento La flor del día/Trofeos de la lectura (Raúl Brasca y Luis Chitarroni, comp. Editorial Desde la Gente, Buenos Aires, Argentina, 2007). Así mismo en la Segunda Antología de Cuento Corto Colombiano (Harold Kremer y Guillermo Bustamante, comp. Editorial Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá D.C., 2007). Obra suya ha sido reseñada en revistas y periódicos de Colombia, Venezuela, México y Argentina.

Ha desarrollado una continua labor como editor, periodista cultural, corrector de estilo y promotor literario. Del año 2004 al 2007 fue director del Taller de Creación Literaria de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC). Actualmente trabaja como freelance y dirige el Taller de Cuento “Ciudad de Bogotá 2008” y el Taller de Narrativa “R.H. Moreno Durán”, adscritos a la Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa – RENATA del Ministerio de Cultura.


marraniArte

MarraniARTE es una propuesta en la que pueden participar todos: artistas, diseñadores, personas naturales y no naturales, principiantes y profesionales, en fin, todo aquel que se le mida a pintar o a intervenir un marrano de barro. Intervenga su propia alcancía en forma de marrano, de esas de Ráquira, hechas a mano en barro y horneadas con cuidado y amor, trabajo de años de experiencia de artesanos trabajadores del altiplano Cundiboyacence. La forma de la intervención es libre, no sólo se puede usar pintura, sino que es bienvenida cualquier técnica y forma de trabajo.

CONVOCATORIA

Puede participar todo habitante o visitante de Bogotá. Cada participante únicamente puede presentar una pieza con inscripción previa, en el correo marraniarte@gmail.com

El valor de la inscripción es de $8.000, por los cuales recibirá el marrano de barro oficial y la ficha numerada de inscripción para el concurso.
La fecha límite de inscripción es el viernes 12 de septiembre o hasta agotar cupos.
La entrega de los marranos oficiales se informará via e-mail a los inscritos.
La muestra se realizará en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, en el marco del VIII Salón Javeriano de Artes Visuales, del 30 de septiembre al 24 de octubre de 2008.
El público asistente premiará (a su criterio) la mejor pieza, introduciendo cualquier cantidad de dinero por la rendija de cada alcancía. Al término de la muestra, se hará la ceremonia de premiación, donde el ganador será el que obtenga más dinero. Para contar los votos (el dinero) es necesario romper los marranos; el dueño de cada marrano puede escoger entre conservar la obra y no participar en la premiación o destruirla y quedarse con el dinero.
¡Inscríbase ya!
Escriba dando su nombre y dirección al correo marraniarte@gmail.com

Urgente! el arte se instala en Cali


Usungulé

Como parte de la programación acompañando la itinerancia en CARTAGENA de la curaduría MALDEOJO de los 12 SRA COSTA CARIBE

Exhibición que recoge el trabajo en comunidad realizado por el artista RAFAEL ORTIZ en San Basilio de Palenque con el Laboratorio de MEDIACION / CREACION USUNGULE 2007 dentro del proyecto de investigación curatorial llevado a cabo para la realización de los 12 Salones Regionales de Artistas de la Costa Caribe.

La experiencia se desarrolló según una metodología que ha permitido visualizar algunas de las tradiciones culturales y simbologías de los afrodescendientes. La exposición se abre al público en el PALACIO DE LA INQUSICION al término del foro ISLA, IDENTIDAD Y RESISTENCIA organizado por el Proyecto BARULLO*.

Apoyan: Barullo_en las Artes

UNION EUROPEA

Ministerio de Cultura de Colombia

MALDEOJO

*POR LA VISIBILIDAD Y DIGNIFICACIÓN DE LA POBLACIÓN AFRO DESCENDIENTE

EN CARTAGENA DE INDIAS A TRAVÉS DEL BARULLO.

MALDEOJO se exhibirá en el MUSEO NAVAL del 9 al 29 de Septiembre de 2008 y está acompañada de una agenda paralela, audiovisual y académica. Apoya IPCC y Centro de Formación de la Cooperación Española en Cartagena de Indias.

USUNGULÉ se refiere a: “la admiración que despierte una persona por como baila, canta y camina.”



pintura y retractación

Ante la supuesta función y necesidad del arte contemporáneo, la pintura ha sido injustamente desplazada: se le acusa de una intrínseca y obsesionada necesidad de ser objeto, de ser algo. Porque se opone a la supuesta esencia del “Arte Contemporáneo”, que es la IDEA, LA INVESTIGACIÓN Y EL HECHO, todo esto sin que la propuesta tome forma: debe quedarse en la idea, el hecho o la investigación. La pintura cumple todos estos aspectos, pero toma forma. Y es esto lo que la degrada.

El “arte Contemporáneo” necesita de su medio: la institución. Tal cual lo necesitó en su momento el orinal. Su medio es algo que le permite ser incongruente, impertinente o hasta molesto: ser algo, una Idea que funcione DENTRO DE SUS PARÁMETROS. Una Idea. Igual como sucede con la pintura. Su medio, sin embargo, es la Institución. Su “inmediatez” y pertinencia obedecen justamente a que este medio implica “lo social”.

Y, lógicamente, el “Arte Contemporáneo” tiene que ver con “lo social”; puesto que hablamos de una institución. Y una institución es política. Y la política se torna en estos casos, populismo (Y no el populismo que atañe y atrae a los estratos bajos y necesitados; es el que atañe a un estrato más alto y necesitado de justificación, de perdón. Un estrato alto que necesita del estrato bajo para sentir y ubicarse). Pero insisto en que requiere de política e institución, porque ese es, sencillamente, su medio (Y hay obras e ideas muy buenas en este campo). El problema surge cuando, siendo institución, este medio termina siendo el ÚNICO. Porque los que lo dirigen (La Institución y el Poder), les falta visión amplia e inteligencia. Les falta visión objetiva porque se sienten dueños de la idea (por eso la mala impresión y recelo ante nuestros curadores). Porque tienen el poder. Porque no entienden otro medio, no lo saben leer. Porque están, como se dice, “embalados” en su carreta. Y en ese embale, pasan por encima de propuestas inteligentes y pertinentes (que, entre otras, les ayudaría en su embale).

Que quede claro que no estoy en contra de las propuestas “contemporáneas”. Estoy en contra de la ceguera de la institución (no olvidemos que de la Institución depende el desarrollo de tantas ideas y obras colombianas, obras pertinentes y efectivas en el “ámbito internacional” que jugarían un papel igual o más importante que el que esta Institución es capaz de ver, puesto que no logra ver.). Es un sencillo problema de protagonismo. Y de Poder. Celebro las ideas “contemporáneas”. Celebro, por ende, la pintura. Celebro la IDEA. Pero me río de la Institución, de su construida y calculada pertinencia. Acá, la curaduría y la Institución (lo mismo) no descubren ni arman Ideas. Las acomodan. Y, lógicamente con el Poder en sus manos, a veces hasta son buenas sus propuestas.

Aquí no se trata de resentimiento (ni mainstream, ni nada). Y menos a la hora de crear. Aquí hay desahogo escrito, sencillamente (Mi trabajo no responde a estas inquietudes). Creo que la obra, la buena obra, responde a inquietudes más profundas y longevas. Creo que esa es su razón de ser. Porque la política es más profunda que la politiquería.

Aprovecho aquí para retractarme de lo que escribí hace algunas semanas sobre el “debate” entre Carlos Salazar y Mauricio Cruz (el embate me cegó, a mí también: Carlos es un excelente pintor, y si dije que intelectualizó el debate, es porque se han visto (leído) más sus intervenciones escritas en Esfera que sus pinturas. Esto no quiere decir que dejó de ser buen pintor, como dejé entreverlo. Y felicito su juiciosa e inteligente investigación (Pienso sin embargo, que la pintura debe y puede defenderse sencillamente siendo). A Mauricio, le ofrezco disculpas por la mala interpretación de sus escritos. Me fui por ahí porque he sentido que es más teorético que teórico. Pero es pura interpretación y percepción. (Aunque es que ese debate ya parecía de vecinas bravas.)

Y, finalmente, pienso que mejor sigo pintando en vez de escribir tanta babosada.

Ivan Rickenmann

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