Diamantes y látigos


Reseña sobre VIRES: Poder, Fuerza, Elección.

Un ciclo de performances de la artista María José Arjona.

I.

 

llegué faltando un cuarto de hora para que abrieran las puertas de la galería. me fumé un cigarrillo mientras tanto, luego vi que abrían y algunas personas que esperaban sentadas en los bolardos del andén o parados en frente, entraban cuando el guarda les daba paso. crucé la calle camino a la entrada mientras terminaba mi cocacola. el guarda me saludó y me dijo que podía seguir, indicándome en donde tirar la lata.

dentro de ese edificio que por fuera parece una casona republicana pero que por dentro está

totalmente renovado en un minimalismo brutista y práctico, habían telones colgados desde el segundo o tal vez desde el tercer piso, cubriendo el interior de ese hall grande al cual se accedía por un pasaje a cuya entrada uno era bienvenido por unas jóvenes de camiseta blanca con estampado de videoarte de maria josé arjona fotomontada con animal, que no sé cómo se llama ese video, y que en la espalda decía poder, fuerza, elección; ellas daban las instrucciones mientras le ofrecían jabón antibacterial para las manos. por cierto las instrucciones pretendían ser claras, pero en realidad, creo yo, su verbalización nunca lo era lo suficiente: vas a entrar y vas a ver a la performer en una tarima a la que podrás subir para lanzar un dado. el número que te salga en el dado será el número de acciones que podrás hacer (la misma acción x número de veces? x número de distintas acciones?) a mí me dijeron que era alguna acción que tuviera que ver con el cuerpo, repetida x veces según el número que obtuviese en el dado.

entiendo, les dije a las jóvenes, no sin sentir cierta confusión.

yo tenía en mente una sola cosa para hacer con maria josé. por alguna razón creía que un abrazo, un abrazo mantenido, un abrazo largo, de unión de cuerpo y cuerpos, entre desconocidos; creía que un abrazo era una acción que valía la pena hacer con ella. abrazarla no fuerte, ni apasionado, sino un abrazo lento, no sé… tal vez mi abrazo no fue el mejor, igual qué importa.

pero hasta el momento no la había abrazado porque apenas entraba al lugar dispuesto con reflectores de luz cálida enfocados al centro del espacio donde estaba una tarima cuadrada de más o menos dos metros de ancho, forrada en tela verde, en donde se erguía con esa presencia de marilyn manson delicada y femenina, ella. así me pareció la primera vez que la vi, semanas antes en el museo del banrep, aquella vez de blanco vestida y uñas negras y con unos ojos que como que quería sacárselos a penas miraba a los asistentes de esa noche de inauguración mientras doblaba papelitos de origami, no sé si en conejos como los de las fotos grandes que había montadas en la pared del lado, y que volvía a desdoblar con paciencia y técnica, presencia, seriedad, elegancia. eso me gustó cuando la conocí.

ahora que entraba en esa cueva en la que se había vuelto esta galería nueva, ella estaba allí, con sus botas negras de suela reforzada, bajo esta falda un poco tubular negra también, parte de su vestido enterizo, sin mangas, escotado. particular atención causan siempre esos amarres de cuero que llevaba sobre el vestido y que caían desde sus hombros, cruzándose en el pecho, y que mediante argollas tejiéndose caían un poco más abajo de su cintura, terminando en lo que parecían ser unos ganchitos de metal adelante y tal vez también atrás. cuero negro, desde luego. peinada hacia atrás con alguna especie de sustancia que le mantenía el pelo en su lugar, dejando ver perfectamente su rostro pálido, que creo debe ser previamente maquillado con algo de base muy clara, como debe ser originalmente su piel, pero que bajo las luces no brilla, ni brilló en aquella noche en el museo del banrep, en donde creí verla más de cerca aunque no lo fue así.

en su pedestal verde, esta mujer con rasgos tan afilados como las de una actriz de película de terror, recibía a la gente que ella misma iba llamando. 1. ella misma iba llamando a la gente para lanzar los dados. ella elegía en principio. el elegido, hombre o mujer (incluso vi a una niña participar) que se veía llamado por el dedo de maria josé, extendido desde la misma mano con la que sostenía un dado blanco, acudía al pedestal verde aceptando la invitación. claro, cualquiera que fuera a una galería a ver un performance previamente publicitado tendría que llegar con cierta actitud participativa. creo que más de uno tenía previamente meditada su intervención con ella, incluso un señor le llegó con una rosa, y un bombón rojo, y se lo puso a chupar en un momento, y le metió la rosa entre el arnés sadomaso de una forma bastante aparatosa. aclaremos aquí que parte de la instrucción que daban las señoritas jóvenes a la entrada del espacio era que no se podían usar objetos. ah, y que tampoco se podía hacer registro fotográfico. no que no se podían tomar fotos, sino que no se podía hacer registro fotográfico. así me dijeron.

por mi parte siempre supe que lo que quería era abrazarla. no tardó demasiado en apuntarme con el dado. en ese momento no habían más de quince personas en aquella sala de cemento fría y oscurecida. más o menos quince por mucho, creo yo, contando unos dos fotógrafos que movían trípodes y cámaras de allá para acá muy aplicados, muy profesionales, las señoras de la gestión galerística, claro, emocionadas pero sobrias revisando un poco todo lo que pasaba, otro par de jóvenes féminas de camiseta de poder, fuerza, elección, que igualmente asistían el suceso en su logística, y algunos pocos visitantes, público que como yo fue a ver a maria josé hacer acciones con la gente.

me quité la chaqueta y la guardé en el bolso. dejé el bolso en el piso junto a una columna y me quedé mirando qué le hacía a alguna persona que estaba en la tarima con ella. no recuerdo a quién vi en principio, recuerdo que antes de mi intervención, noté como una joven dudaba luego de haber lanzado el dado, y que la tocaba tímidamente, de la misma manera, poniendo sus manos sobre los brazos de maria josé, unas cuatro veces igual. luego creo que maria josé lanzó el dado y acto seguido tomó la mano de la chica esta y se la metió dentro de su arnés de cuero, y pensé que iba a ponérsela en la teta pero luego me di cuenta que iba para el corazón. y allí le dejó la mano mientras respiraba, por algunos segundos. terminó cuando le retiró la mano y asintió con su cabeza dejando ir a la joven.

luego me señala con el dado. bien, camino hacia la tarima. me subo. la miro a los ojos, momento emocionante ese en que uno quiere ser totalmente certero en sus actos, y que cree que la está mirando de una forma hipercomunicativa, pero que mientras escribe esto se da cuenta que la miró muy corto, que no le observó sus pupilas lo suficiente para hacerle entender algo que no podría escribir aquí porque seguramente no sé ni cómo llamarlo. lancé el dado: tres. yo quería que me saliera uno, porque quería darle un solo abrazo durante todo el día, quería quedarme con ella allí abrazándola hasta el final. la miré y creo que ella se acercó, porque luego vi que ella se acercaba a la gente luego de que la gente lanzara el dado, como enfrentándoseles. abrí los brazos y la atenacé por el cuello, no sin dejar de ser delicado, dejando caer mi cabeza en su hombro desnudo y no tan frío. en algún momento noté que era yo quien me estaba abrazando a mí mismo porque mi brazos se encontraban de vuelta, de forma que mi mano izquierda reposó sobre mi hombro derecho. yo sólo podía intentar sentirla a ella, era detestable sentirme a mí mismo. habiéndola abrazado me enfoqué en controlar mi respiración, relajarme, tranquilizar la adrenalina que saboteó la primera mirada y de paso mi modo de asirme.

ella que era ese cuerpo delgado vestido de negro, yo que quería quedarme allí todo el día, respiraba concentrado. era difícil sentirla. sentía más el dilatarse de mi pecho abrazado a un hilo, inmóvil hasta que noté que movía su mano en mi espalda, casi como una caricia. luego mi pierna derecha empezó a temblar, mi postura debería mejorar si quería controlar esos temblores involuntarios, pero dejé que temblara en parte porque maria josé reaccionó apretando su abrazo. claro, no mucho después noté que ella empezaba a despegarse, a empujarme suavemente con sus manos, de adentro hacia afuera. no. me resistí manteniendo mis brazos en su lugar, forcejeando como cuando uno sabe que ha perdido a una mujer querida y no quiere dejarla ir, pues sabe que no volverá a tenerla nunca más, pero dejándola finalmente por no querer lastimarla con esa fuerza que dicen tenemos los hombres.

pocos segundos después de su primer rechazo volvió a presionarme con sus manos  y haciendo palanca con los brazos, de repente ese cuerpo grácil y astuto se apartó de mí con una rapidez pausada, con decisión.

me miró de nuevo a los ojos de pie a una distancia media y lanzó su dado: cuatro. se me acercó, pasó sus manos descendiendo por mis ojos para cerrarlos, apuntó su boca hacia mi frente y puso allí su beso carnudo y blando, que sonó más o menos al chasquido de tres emes minúsculas. luego hizo lo mismo en mi mejilla derecha y luego en la izquierda y luego con la misma calma, me apuntó al pecho para darme otro besito. gracias, susurró muy delicadamente, asintiendo con su cabeza, dándome a entender el fin.

más personas iban llegando al lugar. el turno siguiente sería para cualquier otro. recuerdo que un tipo la tomó de la cintura y la levantó, dio un giro con ella entre brazos, ella sonreía sorprendida. creo que le respondió de nuevo poniendo la mano de este tipo en su corazón por otros varios segundos. o tal vez le dio otro besito en la cabeza, o en las manos, o como a esta otra señora, que le besó cada dedo de su mano izquierda. debió sacarse cinco en el dado para hacer eso, creería yo. de hecho 2. no sé si importaban, o si importaron tanto los dados. muy probablemente eran tan sólo una excusa para intercambiar roles de poder en el escenario, aunque también eran una regla advertida desde el principio por terceros, como parte de un libreto.

me molesté cuando la vi darle besos a otra persona, a la que le besó la cabeza, igual que a mí. entonces me pareció que lo mío había sido tan ordinario como saludar a un extraño en unas condiciones muy particulares de protocolo.

qué cosa más ordinaria dar un beso.

toda vestida como una dominatriz neobarroca, manipulable hasta cierto punto, se despide con besitos y dice gracias. a otras personas se les veía en un diálogo muy tímido en la voz más baja, porque no entendían qué hacer. y ella les guiaba lacónica e inaudible.

abandoné el lugar luego de unos veinte minutos. salí, fumé, llamé y no me contestaron. antes de almuerzo volvía a entrar a mirar en qué iba. un tipo le cantaba con voz frágil algo en inglés, una balada. terminó y ella le susurró algo al oído, y le tomó como para empezar a bailar un vals muy tranquilo. el tipo cantó de nuevo mientras bailaban. después sucedió esto del señor de la rosa y el bombón rojo.

luego una mujer la abrazó por la espalda y parecía que le decía cosas al oído, algo hasta cierto punto eran una imagen lasciva.

de pronto también se despidió de besitos de ella.

otra señora entró a la tarima, lanzó el dado, ni idea del número, pero reventó en llanto. maria josé la abrazó consolándola, conmovida y sonriendo de ternura. posiblemente también le dio besos.

es que me parecía muy vulgar darle besos a todo el mundo. o tocarles la cabeza en esa cosa sacerdotal, ritual. cosas así de inesperadas sucedían cuando no les llevaba la mano al  corazón, o cuando no les daba besitos. aunque tampoco es que a todos les diera.

la feria del beso, me dijo una amiga que fue también a verla. otra amiga no quiso subirse a la tarima a jugar dados. la gente seguía llegando ¿qué más se puede decir? tengo entendido que el evento iba de 11am a 7pm.

en el segundo piso de la galería habían fotografías registros de acciones pasadas y el video del retrato transformándose en animal, en lobo o perro. no sé bien. desde un pasillo del segundo piso podía verse la pantalla de tv que estaba abajo en el recibidor. mostraba el registro de la acción del diamante. no fui ese día. pero las aproximadamente veinte fotos que mostraba la pantalla en secuencia repetida, no daban cuenta de lo sucedido. ni sugerían siquiera ese chismorreo que luego se extendió sobre el maltrato que sufrió al exponerse a la gente con un diamante dentro de su boca, desafiándolos a sacárselo. y eso de que alguien le propuso que por las buenas le entregara el diamante, que él le prometía que al final se lo devolvería, para que dejara de estar ahí a la merced de los violentos buscatesoros. me dijeron que ella lo entregó entonces y que el trato se cumplió. después me dijeron que ella había entregado el diamante pero que lo había hecho definitivamente, sin recibirlo de vuelta.

esto no tiene que ser necesariamente cierto.

 

II.

la programación de la jornada de acciones que haría la srta. arjona en bogotá estaba disponible desde luego en alguna red social, en el periódico y también en afiches. los afiches estaban impresos con la fotografía en que tiene puesto un accesorio de cuero en la cabeza,

una especie de cosa que no sé cómo se llama de las que le ponen a los caballos para que no miren hacia los lados. la foto es chuzca, con ese perfil y esa cosa amarrada, en blanco y negro inmaculado. curioso porque uno no sé imagina qué está haciendo mientras tiene eso puesto, aunque creo que ya habrá más tiempo para investigarlo. ayer era el día final de su jornadas de acción.

remataba con esta que titula “sobre el conocimiento y la liberación”. ya lo tenía anotado en la agenda, pensaba asistir. por fortuna alguien me arrastró hasta el centro en donde, luego de clase, pude dirigirme a la galería de nuevo. alguien dijo que ya había empezado, cosa que me extrañó porque el cronograma decía que iba de 5pm a 9pm. en cromos.com leí que si la acción llegaba a extenderse por más de cuatro horas, maria josé habría de ser desamarrada, pues correría riesgos de salud por efectos de su auto-tortura. la descripción de la acción va más o menos del siguiente modo:

ella está acostada sobre una mesa blanca, en este caso, ha estado sobre otras mucho más imponentes según se ve en catálogos. pero igual, amarrada. atada prisionera a la mesa, ligera de ropa, apenas unos calzones negros y un brassier de banda, negro también. en otras fotos la he visto del todo sin bra. debe ser la altura. obvio, las uñas de los pies estaban negras. mmmmmmmmmmm no me acuerdo de las de las manos, tal vez no. y como decía, estaba prisionera dentro de este otro dispositivo de correas de cuero bondage/sm que le va tan bien a ese perfíl femme fatale.

contemos las correas: 21. una en cada empeine de cada pie. una justo encima de cada tobillo. una justo bajo sus rodillas y otra justo arriba. otro par un poco bajo la cadera, una en cada pierna, claro. una amarrándole la cadera. otra en la cintura. otra más en el abdomen. luego otra a la altura del pecho. tres en cada brazo: parte superior del brazo, codo y muñeca. y desde luego una en el cuello. o serán 22? y tiene una amarrándole la frente? es que no alcanza a verse bien la foto de la guía de estudio 111 de la colección de amigos del banrep.

bueno. seguro también tenía otra más. de hecho no me imagino cuantas debe tener en su colección.

entonces está amarrada con estos cueros negros, sellados con candados plateados, muy metalero todo. chevre. la chica está amarrada a la mesa, en esa caverna oscurecida que se ha vuelto la galería, bajo los reflectores enfocados justo al centro donde antes estuvo la tarima forrada de tela verde.

cuando llegué ya había mucha gente al rededor. bastante más que el sábado. un anillo de personas enfocando toda su atención al cuerpo de mariajosé prisionero a voluntad. es una imagen muy de lección de anatomía, si se me permite la referencia, pero la gente no está mirando hacia el pintor, sino hacia el cuerpo de mariajosé.

claro que antes había que pasar por el filtro antibacterial. una chica de camiseta poder, fuerza, elección me dosificó el jabón e impartió las instrucciones: que uno tenía que liberar un candado intentando las treinta llaves, y que no sé, algo más dijo sobre el cuerpo y tal. bueno, yo no quería abrir candados en esta ocasión y no le puse atención.

para el momento en que logré entrar al círculo de observadores ya habían soltado la mayoría de los amarres. las correas de los pies, piernas y cintura, posiblemente también las del pecho ya estaban sueltas. faltaban los bazos y el cuello. me sorprendió la velocidad. me imaginaba que uno solo tenía una oportunidad de sacar una llave, como en un programa concurso de ganarse un carro, pero no había premio, no había diamante; estaba ella, había que ganarse entre todos la liberación del cuerpo de maria josé.

junto a la mesa habían dos chicas, digo mujeres jóvenes con camiseta de poder, elección y fuerza, cada una sosteniendo dos vasijas de porcelana blanca, con cierto diseño austero. en una de las porcelanas el voluntario de turno debía buscar una llave, y acto seguido ir a abrir el candado que cerraba alguna correa. si no servía la llave esta era depositada en el otro recipiente, dejando escuchar su sonido metálico sumado a la vibración cristalina de la porcelana, en medio del silencio producto de la tensión de todos los espectadores medio invisibles por la penumbra de la sala. entonces se debía intentar con otra.

ahora que lo pienso esa iluminación era muy romántica. o muy barroca? no. romántica. bueno, pero era también como de espectáculo sobre todo por el foco central sobre el artista.

el detalle simpático de las correas amarradas se revelaba cuando se abrían: una punta metálica, un tache punk vuelto hacia adentro cosa que se enterraba presionándose y sin penetrar realmente en la carne de maría josé. el detalle sadomaso del dispositivo de cuero se repetía en cada uno de los amarres; en algún momento se me informó, tal vez por chisme

o por leerlo, no sé bien, que estos taches presionaban ciertos puntos energéticos del cuerpo, chakras, meridianos o como se llamen. se enterraban entonces en veintidós talones de aquiles. maria josé se ofrecía indefensa de nuevo, semidesnuda, a la expectante sociedad local, así como lo ha hecho en el Teatro Anatómico de Bolonia, y seguro en algún par de otros lugares bien específicos.

con la ceremoniosidad del caso, con cuidado, mucho misterio o delicadeza, toda una tensión como de película cuando están desarmando una bomba, intentaban con las llaves abrir los candados. desde luego unos se demoraron más que otros, cosa que se sumaba a la adrenalina colectiva. había un señor muy grave que sudaba como cirujano, y con gesto de severo compromiso buscaba llaves al azar en el recipiente para luego intentar girarla, y apretaba sus labios preocupado al sentir la negativa de la cerradura. algunos de los que alcancé a ver abrir candados, ponían sus manos sobre la parte de cuerpo liberada, en actitud de sanación, aliviándole el tache con caricia cálida.

digamos que la última correa haya sido la del cuello. desde luego alguien la soltó, más temprano que tarde, pues antes de las 5:45pm ya todo había terminado. cuando estuvo libre noté una ligera sonrisa en su rostro, un poco de satisfacción, descanso y éxito. se levantó lentamente, recogió sus brazos y se los llevó al pecho, flexionó sus rodillas, posando la planta de los pies sobre la mesa. luego giró sus hombros ladeándose y apoyando luego las manos sobre la superficie ya podía girar su cadera y sus piernas para intentar bajarse de la mesa. logró bajarse con pericia y seguridad. los movimientos estaban ya sin duda ejercitados y aprendidos.

al bajarse de la mesa no es que se pudiera ver mucho el cuerpo de maria josé en esa tiniebla y con tanta gente. no se pudo observar más que el arnés sadomaso, mostrando sus puntas metálicas, revalando otras tantas alineadas en la correa que recorría la espina dorsal, sobre la mesa iluminada; porque maria josé fue recibida inmediatamente por una señora que le puso una bata negra, de seda o en todo caso tela fina, sobre sus hombros, guardando su espalda. de repente un señor atacó con aplausos súbitamente, tactactactac y entonces se vino cierta avalancha de aplausos no demasiado estridente. la imagen de esta señora poniéndole la bata de seda me causó verdadero escozor. bueno, yo quería ver qué pasaba. me fui bordeando el montón de gente y la vi caminar descalza por la penumbra. por ahí vi que le llevaban agua y que se quedaban hablando con algunos asistentes, amigos del arte sin duda, fanáticos del performance.

 

III.

arrojo aquí una serie de conclusiones posibles sobre todo lo que hizo suceder arjona en NC-Arte:

creo que arjona logra que nos interesemos en ella. sin duda. de algún modo nos mete su cuerpo en la cabeza, idea que no me molesta en absoluto. me interesa. me inquieta mucho más la forma en que lo hace, sus acciones y porqué no sus omisiones.

en principio podría decir que arjona se expone al público (como inevitablemente lo hacemos los artistas) o en fotos o en videos, o en carne propia. respecto a las acciones vistas en NC-Arte, creo que se puede decir que además de exponerse en sí misma, lo hace acompañada de un discurso bastante atractivo, de pronto interesante pero delicado: discurso que consta con una entrada a base de “Soy tuya” con una pizca de “Hazme lo que quieras”; súmese a este discurso la puesta en escena, la vestimenta de tortura y el lugar en dónde lo hace, siempre tan aséptico, tan elegante, tan controlado. la osadía de ofrecerse así la podría ubicar dentro de un cierto heroísmo de mártir filántropa (mi cuerpo es el cuerpo social), y al mismo tiempo funciona como un cuerpo (y una persona) que concede premios que van desde el gesto cariñoso a la donación económica en especia.

hablando de especias, creo que el diamante sí es un signo del deseo, correcto. pero creo también que más que del deseo –así ligeramente, dulcísimamente nombrado- es un signo de un deseo de poder económico. y no sé si el deseo económico sea el más poderoso dentro de los cuerpos (incluso yo creería que es un poder que está afuera de los cuerpos, por más diamantes que uno se meta en la boca); aunque sin duda, este poder, esta política es la que más cuerpos aniquila.

igualmente creo que si bien ella tiene un diamante en la boca para regalar dado sea el caso, ella también es el diamante que una galería tiene por dentro. y por algunas razones ese no se regala, se vende.

creo que le encanta el show sadomaso. cosa que no tiene nada de malo, todo lo contrario. salvo por el show, que es imagen vendida de antemano. de paso es posible pensar en los contenidos de política corporal que se pueden connotar de ese gusto, o en todo caso ese uso de ciertas herramientas de tortura (tortura espectacular o más o menos real); y entonces estos contenidos los podamos enlistar junto a la misma política de dominación y aniquilación nombrada arriba: dominación, tortura, esclavitud, explotación: diamante.

creo que quiere compartir su sufrimiento y la cura del mismo. creo que quiere encarnar ciertos dolores y proponerlos como experimentables para el colectivo. socializar sus experiencias de auto-victimización, y sin duda en todo el espectáculo de cortinas negras y luces de escenario, posicionarse como una actriz interactiva valiente, llena de fuerza y coraje; ella abierta y disponible hasta cierto punto.

pero también creo que si bien quiere encarnarse como víctima, todos los objetos y los códigos que acompañan a estos, terminan siendo parte de una compleja estrategia de estética-poética que confunde sus significados de tal forma que lo que aparece al final es un espectáculo contradictorio entre el sadomasoquismo (léase dominio, sumisión, humillación de los cuerpos), y aquella liberación enunciada por la propia maria josé.

creo que ella elige, sin duda. elige hacer a la gente elegir al respecto de ella y su cuerpo. elige ofrecerse a la gente como materia con respuesta recíproca. la gente fascinada acepta su invitación y bajo sus reglas juega con ella. finalmente, si los dados planteaban un parámetro de acción, entonces creo que ella me quedó debiendo dos abrazos.

creo que la imagen al final de todo, de esta señora poniéndole la bata encima, inevitablemente me recuerda la conclusión de una pelea de boxeo. en esta ocasión, un deporte femenino, una lucha contra sí misma en donde ella y sólo ella (muy a pesar de todas las referencias a los cuerpos tácitos implicados) puede salir triunfante.

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Andrés Felipe Uribe Cárdenas