Catálogo de la exposición retrospectiva de Björk en el MoMA

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El MoMA presenta hasta el 17 de Junio “Björk”, una retrospectiva dedicada a la obra de la cantante, compositora y música. Björk. La exposición está concebida y organizada por Klaus Biesenbach, Curador en Jefe del MoMA y director del MoMA PS1. El producto de esta estrecha colaboración entre Biesenbach y Björk es una exposición que reúne cronológicamente los sonidos, videos, objetos, instrumentos, vestuario y las imágenes que expresan el proyecto general de la artista: su música. La publicación se compone de seis partes: cuatro folletos, un libro de bolsillo y un póster.

Los folletos contienen textos del curador Klaus Biesenbach y del crítico musical Alex Ross, del profesor de musicología Nicola Dibben y del filósofo Timothy Morton (en conversación con Björk), mientras que el póster ofrece las ilustraciones de los álbumes y singles de Björk.

El libro principal se centra en sus principales álbumes y los personajes creados para cada uno, textos poéticos de su colaborador habitual, el poeta islandés Sjón que son acompañados por fotografías de Björk de sus actuaciones en vivo y fotogramas de videos realizados por directores como Michel Gondry, Chris Cunningham, y Spike Jonze, también incluye imágenes de Björk en trajes diseñados por Alexander McQueen y Hussein Chalayan e imágenes de fotógrafos como Nan Goldin, Juergen Teller, Stéphane Sednaoui, Inez van Lamsweerde y Vinoodh Matadin y Araki.

Para descargar el catálogo, pulse aquí

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Publicado en el blog de Marcelo Gutman

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Para el crítico Jerry Saltz, la muestra fue motivo de varias críticas. Aquí la más severa


Libros sobre la obra de María Elvira Escallón y Liliana Angulo (para descargar)

La colección Monografías de Artistas Colombianos, un proyecto del área de Artes Visuales del Ministerio de Cultura, llega en el 2015 al tomo 9 con “Polvo Eres, El Correr del Tiempo”, sobre la obra de María Elvira Escallón, escrito por Julia Buenaventura (tomo 8); y “Retratos en Blanco y Afro”, de Sol Astrid Giraldo sobre la obra de la artista Liliana Angulo (tomo 9). Los libros se lanzaron el 29 de abril en la Feria del Libro con una conversación con Julia Buenaventura, Sol Astrid Giraldo, María Elvira Escallón, Liliana Angulo y moderada por Lucas Ospina.

“Polvo Eres, El Correr del Tiempo”, sobre la obra de María Elvira Escallón, escrito por Julia Buenaventura. Para descargar, pulse aquí

“Retratos en Blanco y Afro”, de Sol Astrid Giraldo sobre la obra de la artista Liliana Angulo. Para descargar, pulse aquí


Bienal de Venecia. Una vez más no estamos

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La bienal de Venecia cumple 120 años de existencia, celebra su 56 edición, reúne pabellones de 89 países bajo el lema de All the World´s Futures, y Colombia, una vez más no está. Tanto cacarear que somos una potencia emergente, impulsada vertiginosamente hacia el futuro por la locomotora minera y al final de cuentas no hay por parte del Gobierno nacional el dinero ni ganas de participar como se debe en la bienal de las bienales, en la bienal que ha sido y sigue siendo una cita imprescindible del arte internacional desde los años ya muy remotos de su primera edición. Y no cuesta trabajo imaginar o simplemente anticipar la respuesta que dará el Ministerio de la Cultura a quien ose pregunte por qué diablos Colombia no tiene un pabellón propio en la legendaria ciudad de los canales cuando lo tienen Argentina, Brasil, Uruguay, México, Chile, Perú, Venezuela, Cuba, Ecuador y Guatemala. “No hay plata” – dirán – y no la habrá ni aunque quisiéramos porque la caída de los ingresos públicos debida al desplome de los precios de petróleo ha obligado al Gobierno nacional a, entre otras cosas, recortar el presupuesto del ministerio. “Lo sentimos mucho”. Bonita explicación, sólo que no se entiende porque si hubo dinero y más que de sobra para montar la ruidosa operación Colombia en Arco que, aparte de contribuir a la autopromoción del presidente Santos, muy pocos beneficios sustanciales de visibilidad y reconocimiento de crítica y de público aportó a los artistas que fueron enrolados en la misma. O que audazmente se enrolaron en ella.

A mí sin embargo no me sorprende que el Ministerio de Cultura meta otra vez la pata, porque al fin y al cabo es un ministerio cuya ceguera y notorias debilidades estratégicas derivan de la incapacidad de este y de los anteriores gobiernos de entender que la cultura no es una “asunto de señoras” – dicho con todo el respeto por las señoras – sino un tema de importancia crucial para asumir plenamente lo que somos y lo que estamos dispuestos a ser como país en un mundo tan cambiante como caótico. Pero no es la única explicación. En las miserias del Ministerio de Cultura también cuenta el peso excesivo que tienen en su orientación y funcionamiento el poder descontrolado de unas “roscas” impenitentes y un clientelismo que por beneficiar a las “buenas familias” de siempre no por eso es menos clientelismo.

 

Carlos Jiménez


Marina Abramovic. Manifiesto de la vida de un artista

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La conducta del artista en su vida

Un artista no debe mentirse a sí mismo u a otros.
Un artista no debe robar ideas a otro artista.
Un artista no debe hacer concesiones consigo mismo o con el mercado del arte.
Un artista no debe matar a otro ser humano.
Un artista no debe hacer de sí mismo un ídolo.
Un artista no debe hacer de sí mismo un ídolo.
Un artista no debe hacer de sí mismo un ídolo.

La relación del artista con su vida amorosa

Un artista debe evitar enamorarse de otro artista.
Un artista debe evitar enamorarse de otro artista.
Un artista debe evitar enamorarse de otro artista.

La relación del artista con lo erótico
 
Un artista debe desarrollar un punto de vista erótico en relación al mundo.
Un artista debe ser erótico.
Un artista debe ser erótico.
Un artista debe ser erótico.

La relación del artista con el sufrimiento

Un artista debe sufrir.
Del sufrimiento surge el mejor trabajo.
El sufrimiento trae transformación.
A través del sufrimiento el artista trasciende su espíritu.
A través del sufrimiento el artista trasciende su espíritu.
A través del sufrimiento el artista trasciende su espíritu.

La relación del artista con la depresión

Un artista no debe estar deprimido.
La depresión es una enfermedad y debe ser curada.
La depresión no es productiva para un artista.
La depresión no es productiva para un artista.
La depresión no es productiva para un artista.

La relación del artista con el suicidio

El suicidio es un delito contra la vida.
Un artista no debe suicidarse.
Un artista no debe suicidarse.
Un artista no debe suicidarse.

La relación del artista con la inspiración

Un artista deber mirar profundamente dentro de sí en busca de inspiración.
Cuanto más profundo mire dentro de si, más universal se vuelve.
Un artista es universo.
Un artista es universo.
Un artista es universo.

La relación del artista con el autocontrol

Un artista no debe tener autocontrol de su propia vida.
Un artista debe tener completo autocontrol de su obra.
Un artista no debe tener autocontrol de su propia vida.
Un artista debe tener completo autocontrol de su obra.

La relación del artista con la transparencia

Un artista debe dar y recibir al mismo tiempo.
La transparencia significa receptividad.
La transparencia significa dar.
Transparencia significa recibir.
La transparencia significa receptividad.
La transparencia significa dar.
Transparencia significa recibir.

La relación del artista con los símbolos

Un artista crea sus propios símbolos.
Los símbolos son el lenguaje de un artista.
Por lo tanto el lenguaje debe ser traducido.
Algunas veces es difícil hallar la clave.
Algunas veces es difícil hallar la clave.
Algunas veces es difícil hallar la clave.

La relación del artista con el silencio

Un artista debe comprender el silencio.
Un artista debe crear el espacio para que el silencio entre a su obra.
El silencio es como una isla en medio de un océano turbulento.
El silencio es como una isla en medio de un océano turbulento.

La relación de un artista con la soledad

Un artista debe hacerse de tiempo para largos períodos de soledad.
La soledad es extremadamente importante.
Lejos del hogar,
Lejos del taller,
Lejos de la familia,
Lejos de los amigos.
Un artista debe permanecer mucho tiempo en cascadas.
Un artista debe permanecer mucho tiempo en volcanes en erupción.
Un artista debe permanecer mucho tiempo mirando ríos torrentosos.
Un artista debe permanecer mucho tiempo mirando el horizonte donde el océano y el cielo se unen.
Un artista debe permanecer mucho tiempo mirando las estrellas en el cielo.

La conducta de un artista en relación al trabajo

Un artista debe evitar ir al taller todos los días.
Un artista no debe tomarse su agenda de trabajo, tal como lo hace un empleado bancario.
Un artista debe explorar la vida y el trabajo sólo cuando una idea venga a él en un sueño, o
durante el día como una visión que surge como una sorpresa.
Un artista no debe repetirse a sí mismo.
Un artista no debe sobreproducir.
Un artista debe evitar su propia contaminación del arte.
Un artista debe evitar su propia contaminación del arte.
Un artista debe evitar su propia contaminación del arte.

Las posesiones de un artista

Los monjes budistas aconsejan tener sólo nueve posesiones en la vida:
1 prenda de vestir para el verano,
1 prenda para el invierno,
1 par de zapatos,
1 bol para comida,
1 mosquitero,
1 libro de oraciones,
1 paraguas,
1 manta donde dormir
y 1 par de anteojos, de ser necesario.
Un artista debe estar advertido del mínimo de posesiones que debe tener.
Un artista debe tener más y más de menos y menos.
Un artista debe tener más y más de menos y menos.
Un artista debe tener más y más de menos y menos.

La lista de amigos de un artista

Un artista debe tener amigos que alegren su corazón.
Un artista debe tener amigos que alegren su corazón.
Un artista debe tener amigos que alegren su corazón.

La lista de enemigos de un artista

Los enemigos son muy importantes.
El Dalai Lama dijo que es fácil sentir compasión por los amigos, pero es mucho más difícil sentir compasión por los enemigos.
Un artista debe aprender a perdonar.
Un artista debe aprender a perdonar.
Un artista debe aprender a perdonar.

Diferentes escenarios de muerte

Un artista debe ser consciente de su propia mortalidad.
Para un artista no sólo es importante cómo vive su vida, sino también cómo muere.
Un artista debe observar los símbolos en su trabajo como señales de diferentes escenarios de muerte.

Diferentes escenarios de un funeral

Un artista debe dejar instrucciones antes de su funeral para que todo se haga según su voluntad.
El funeral es la última obra de un artista antes de su partida.
El funeral es la última obra de un artista antes de su partida.
El funeral es la última obra de un artista antes de su partida.

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Leído por la artista durante la BP.15 Bienal de Performance, Buenos Aires, Argentina, en el Centro de Arte Contemporáneo de la UNSAM, 27 de abril de 2015.Publicado por Artishock

La Revolución en Marcha y el Arte Político, el artista como transcriptor de la Política de Estado

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“El teatro es una cosa distinta de la ciencia y de la política. No se trata, por tanto, de identificar filosofía y ciencia, filosofía y política, teatro y ciencia, teatro y política. Pero hay que ocupar tanto en la filosofía como en el teatro el lugar que representa la política. Y para ocuparlo, naturalmente, es preciso encontrarlo. No es fácil, porque para saber dónde está el lugar de la política en la filosofía y en el teatro hay que saber cómo funcionan la filosofía y el teatro y cómo la política (y la ciencia) son representadas en ellas. No se ve a simple vista el lugar de la política en el teatro. (Es verosímil que este lugar se desplace en la historia o, por hablar con mayor precisión, es verosímil que la política cambie de representantes en la historia de la filosofía y del teatro).”

Louis Althusser, Escritos sobre el arte

La Revolución en Marcha fue la política creada por el presidente colombiano Alfonso López Pumarejo durante su gobierno comprendido entre 1934-1938. Política de corte liberal que tendría que abrirse camino entre los ecos que el fascismo producía al interior de la política nacional. Esa revolución en marcha era un llamamiento contra las políticas terratenientes y su defensa de la propiedad, heredadas desde la colonia y que imposibilitaban cualquier intento por consolidar una economía social de la propiedad. Era un intento por democratizar la propiedad pero también por reintegrarla a sus gentes con el lema de “Colombia para los colombianos”. La tesis central de esa revolución en marcha puede sintetizarse como un primer intento por suprimir la servidumbre voluntaria en que se había enmarcado la política del estado colombiano. De esta manera el espíritu de renovación fue la piedra angular para demoler la concepción de un pensamiento dogmático y estatista que había consolidado el estatus quo nacional. Su símbolo fue la creación del primer campus universitario, la Universidad Nacional, en que el ejercicio de la cátedra sería un verdadero ejercicio de libertad y progreso, teniendo como eje la investigación científica. Ideas que intentaban remover las cátedras anquilosadas de un pensamiento retrógrado y retardatario. En materia cultural la revolución en marcha supuso un papel de la cultura como uno de los agentes de ese cambio social. El artista sería en ese proceso de revolución un activista en esa construcción de nación. Y el muralismo, que la política cultural colombiana habría retomado del arte y política cultural mexicano, sería el camino para abandonar la figura de artista pintor por la de un artista nacional que transcribiría ese proyecto de nación en sus murales trasladados al espacio público. Algunos de estos murales serían removidos en el gobierno conservador de Laureano Gómez, con el pretexto de estar socavando la integridad moral nacional. En realidad se trataba de una marcha atrás en el camino de esa revolución en marcha que el artista colombiano habría emprendido tímidamente en los muros del arte nacional.

El arte contemporáneo pretende hacernos pensar en la caducidad de todo arte anterior

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Cotejar

¿Por qué un artista se niega a cotejar? Es decir, a comprometerse a comparar o a inscribir su obra en unos protocolos establecidos, sean estos de corte editorial o abiertamente comprometidos con una ideología.

Existen aún en su hacer invisibles, unos efectos ideológicos producidos por la obra. Pero ese aparecer ahí de la obra como división del trabajo del arte es inevitable. Bien sea que aparezca como precariedad. Bien como un ejemplo de la explotación y del exceso.

La supresión de los títulos o índices en una muestra es la necesidad de suprimir ese cotejamiento radical, el de esa analítica inserta subrepticiamente en toda aprehensión de la realidad, vivida como un proceso continuo de compartimentación de la experiencia. De tal suerte que una muestra, como reflejo de la realidad es una serie de unidades o fragmentos reconocibles que reflejarían a su manera, dependiendo de la estilización de su creador o artista, una realidad especifica. Así recorrer una muestra se hace semejante a recorrer la realidad en ese proceso de fragmentación, proceso que es deliberado pero que ya hemos incorporado como lo dado. La muestra, nuestra experiencia fragmentada, es lo dado.

El público debiera poder recuperar esa visión previa a la analítica sólo con un apoyo, el de una panorámica imposible, sin ningún protocolo crítico previo.

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Transcripción y reflejo

El reflejo como concepción de la creación. No hay creación sino reflejo de una ideología.

En la transcripción se ha eliminado toda apelación a la imaginación. Sin idealismos, la transcripción nos lleva a pensar el posible de una época pre-transcripción donde era factible la creación, pero no entendida como reflejo ideológico sino como ejercicio legítimo de la imaginación.

Si el arte es social es decir si se entiende como reflejo, es el resultado no del misterio de la creación entendido como ese no saber, sino como resultado de la práctica social.

La transcripción es el costreñimiento total en que la ideología coloca a la creación. El espacio sin espacio para el creador.

El creador, el artista, se hace transcriptor reflejando de manera casi absoluta la ideología que lo colocó en ese lugar. Sólo queda un resquicio inexpugnable que sabe su refugio y que hace posible que aún eliminadas todas esas huellas de libertad, es decir de creación, el transcriptor pueda presentar la transcripción como trabajo suyo. De su propia mano y autoría.

Aceptando el cotejamiento ese resquicio de creación, la libertad del arte, se anula, queda denegada y la entrega ideológica es completa, es decir, la libertad de arte se somete transformándose en reflejo.

La denegación de la creación es la absolutización de la transcripción como obra total del arte.

Cuando la crítica y la curaduría, es decir cuando los procesos de edición de obra invaden completamente todo espacio posible de iniciativa creadora, de libertad de arte, para dar paso a la realización completa de la ideología, permeando todo el campo del arte, hacen del arte una expresión de ese arte contemporáneo como arte político, como política. En este caso la ideología se llama arte contemporáneo y tiende a parametrizarse cada vez más bajo el eslogan publicitario de un arte político. Un arte en que la libertad de arte ha sido suprimida para dar paso a la edición o gran aparato de producción cultural de la ideología de mercado.

El artista como transcriptor todavía, aún en su completo anonadamiento, es un transgresor.

La edición de arte, como punto paradigmático de la ideología de mercado, habría eliminado también la transcripción al idear un tipo de artista profesional encargado de llevar a término cualquier carga refleja de la ideología de mercado.

Sería una unidad ideológica completa que podría, en consonancia con todas las unidades existentes y posibles y por venir, como unidades ideológicas de toda la red cultural superior, articular el texto completo de una realidad social dada. La nuestra, la del mercado.

En ese sentido, sacado de su espacio de creación, de su libertad de arte, de su iniciativa como creador libre, el artista es llamado una y otra vez a cotejar. Es decir a dar cuenta y constatar como índice, la ideología de la que es subsidiario. De tal manera que esa libertad de arte sería cada vez el llamamiento del cotejamiento. El artista, como reflejo del hombre libre de la ideología de mercado, estaría llamado a representar esa ilusión de libertad, en el sentido en que cualquier trabajo es la traducción de esa ideología que el artista encarna como índice.

La transcripción es una imagen, una parodia de ese proceso de reducción de la creación a ideología. Cuando el transcriptor abandona máscara protectora y no puede eludir el cotejamiento.

¿Cómo se cura el arte de la transcripción absoluta y del cotejamiento?

En el arte de nuestro tiempo las artes han sido reducidas con deliberación a tomar posiciones ideológicas de todo tipo, en el marco de un cumplimiento absoluto del llamado a la Ley. La Ley de edición de cultura. Pero de vez en cuando y de manera incomprensible existe la posibilidad de un transcriptor, un artista por ejemplo, que por algún motivo se niega a cotejar y esa fisura imprevista que él muestra con su negativa da cuenta del engranaje en que todo arte ha sido llamado a constituirse.

Suprimida toda posibilidad de trabajo real, en el sentido en que cualquier trabajo es la traducción de esa división del trabajo, en que la iniciativa laboral es llevada hasta la explotación absoluta, el artista, sería un tipo de trabajador que guarda todavía la ilusión de libertad, de movilidad social, en el sentido de simbolizar aparentemente, un resquicio de anarquía en el espacio total del arte y de la sociedad. Una unidad cultural que portaría ese necesario plus de esperanza que toda realidad totalitaria requiere para sostener su credibilidad.

Enajenado, el artista es llamado a cotejar una y otra vez como agente que llevaría a cumplir esa ilusión de esa función libertaria del arte, como creía Schiller, la ilusión de un arte inmunizado contra cualquier intrusión de la ideología. Haciendo del arte el espacio del cinismo social, como ilusión de libertad efectiva, una expansión de todas las facultades del hombre, como anhelaba Kant.

Detrás de su máscara el artista transcribe silenciosamente, ha encontrado su libertad después de un larguísimo proceso en que toda posibilidad de un espacio laboral fuera abolida. En su yacer en ese espacio de reducción de su creación que es la transcripción, el artista encuentra otra vez ese iterar una y otra vez de su libertad creadora. En ese gesto repetitivo de la copia. Del transvase de un original. Llamado a cotejar, el artista debe abandonar otra vez esa iteración que se ha transformado en su ritmo, la molienda incesante de un pigmento en un tiempo sin premura, para dar marcha a ese ritmo inclemente que es el llamamiento a la Ley.

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La Revolución en Marcha y el Arte Político

El Arte Político podría ser entendido, en esa relación directa e imbricada entre Arte e Historia, como un momento en que el arte se concibe como un aparato ideológico de estado (cf. Althusser, Escritos sobre el arte). Por tanto subsidiario de una práctica artística delimitada para la cual han sido modeladas como garantes de esa práctica, la escolarización del artista, la crítica, y la curaduría.

La factibilidad de un arte político, en el sentido que pusiera en marcha, en el marco de esa política de la revolución en marcha en Colombia, el artista Ignacio Gómez Jaramillo (Medellín, 1910-Coveñas 1970) sería llamado a denunciar con sus obras de manera legítima una realidad social, la de la violencia en el caso Colombiano, abandonando contundentemente su cómodo estándar burgués de artista de salón dedicado a realizar retratos de sociedad.

En ese proyecto político de la Revolución en Marcha, el artista encajaría como portavoz de ese mensaje en que el arte cobraría una función social. Ideologizado, ese arte sería la cuota libertaria que el artista estaría dispuesto a sacrificar en aras de llevar a término la liberación de América. Sería un arte políticamente comprometido con un proyecto de liberación de una ideología anterior en que el artista conoce la reducción de que ha sido objeto, pero la ofrenda como su participación y su compromiso político. En tanto estandarte de esa estilización necesaria de la libertad de creación como reflejo del aburguesamiento total de la sociedad que hacían patentes la pobreza y desintegración social y política del momento, el artista se compromete con su realidad trocando esa estilización por un arte que refleja esa realidad política compleja.

Podemos entender entonces la adscripción a esa revolución en marcha por parte de los artistas de una generación del arte en Colombia, como un momento necesario en que el trabajo creador del artista se somete voluntariamente a ser la transcripción de un aparato ideológico de estado, el artista acepta que su libertad se suspende voluntariamente con miras a producir un efecto revolucionario en la política cultural de un estado, el de su propia autonomía cultural intentado romper los efectos de la aculturación radical de las américas iniciado tempranamente en la Colonia.

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Sobre la idea como una retrospectiva

Retrospectivamente se crea la ilusión de una Historia personal de la creación. La ilusión de un arte que progresa como reflejo incondicionado de su momento histórico.

Paradójicamente el arte político estandarizado como un sofisticado arte de producción en el marco del arte contemporáneo, renueva con visos aún más contundentes la división del trabajo en el arte y la separación absoluta entre trabajo material y trabajo intelectual. Separación aparentemente subsanada por La Enciclopedia en el marco del proyecto de Las Luces, como superación de la oscuridad del conocimiento.

El artista político, el artista de nuestra época, sería el artífice de la idea impensable como trabajo material pero que sería puesta en marcha por la producción que supone esa división del trabajo en el arte.

Revolución en Marcha y Multiculturalismo

En nuestro presente el multiculturalismo como adalid del hombre libre, del ciudadano del mundo, es la revolución en marcha perenne que acontece en cada micropartícula de la realidad total.

Se nos hace pensar que el multiculturalismo como encarnación de la idea de cultura de la época, elimina el sometimiento a la ideología burguesa, que habría sido reproducida por una escolarización dada que el multiculturalismo suplantaría en la idea de un hombre capacitado para ser un ciudadano del mundo. En esa ilusión de cosmopolitismo se daría la ilusión de una revolución ideológica que comprometiendo unas nuevas narrativas culturales, las de una realidad cultural supuestamente compartida e igualitaria que podrían compararse con un idealismo renovado, prácticas que disfrazan la ideología con una supuesta conciencia del acontecer real, suprimirían la diferencia por esas capacidades que el ciudadano del mundo estaría llamado a representar.

La ignorancia radical vivida como ideal sería la estandarización de un pensamiento general al que la opinión pública estaría llamada como efecto del analfabetismo del conocimiento general. El hombre cosmopolita del momento sabría la sinrazón o razón de la gente de su esquina, de su gueto, de su núcleo barrial o racial o religioso. Razones que recrearía en las artes de un artista que bien puede comenzar a reflejar esas partículas de sociedad. Abandonando las trazas de una cultura anterior que rechazaría como reflejos de la diferencia. Esa cultura que los siglos arrastraban tras de sí, serían meros datos informativos desplazados en paquetes informáticos deleznables en el acontecer cultural. Las pocas referencias sobrevivientes de ese olvido radical serían apenas los exempla que la época requiere para ilustrar esas prácticas de avasallamiento cultural que pretende socavar. Entonces el artista podrá encarnar la figura de un defensor prometeico que trae los fuegos de la libertad.

Así llega la dispersión. Y el fragmentarse de todo en esas subespecies en las que somos convocados a participar de esta nueva fiesta de la cultura general.

Cuando la fiesta comienza la especie artista político es el consenso general de un arte llamado a padecer todos nuestros infortunios.

 

Claudia Díaz, abril 2015

 

 

 


“La totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición”

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“Internet es un gran tacho de basura, todo lo que allí se mete tiende a desaparecer.” Boris Groys sonríe; se diría que disfruta el toque de provocación. En el mismo tono, confirma: “El único tipo de relación que uno puede establecer con Internet es una relación narcisista”.

Crítico de arte, teórico de los medios y dueño de un recorrido que va de la Universidad de Leningrado, bajo el régimen soviético, a la Universidad de Nueva York en la actualidad, desarrolla un pensamiento que tiende a desmarcarse del discurso habitual y se pregunta por lo que significa vivir en un mundo donde “la totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición”.

Invitado por el Goethe-Institut, la Universidad de San Martín y la Universidad Di Tella, pasó por Buenos Aires para presentar el libro Volverse público (Caja Negra), donde, entre otros análisis, desarrolla la idea del “diseño total”: un concepto que, para Groys, pertenecería más a lo político que a lo económico o estético, y que habla de un mundo donde “la totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición” y cada ciudadano debe asumir “una responsabilidad ética, estética y política por el diseño de sí”. Para este pensador, las múltiples derivaciones de semejante configuración social se concentrarían en una consecuencia funamental: “este sistema nos pone en una situación donde la autoexplotación es algo inevitable”. Una dinámica en la que participarían los sistemas informáticos, las redes sociales y los buscadores como Google, y donde el sostén es una web que ofrece “una combinación de hardware capitalista y software comunista”.

Difícil no pensar estos fenómenos en tanto derivados de las innovaciones tecnológicas y las mutaciones sociales propias del siglo XXI. Pero Groys, delatando otra vez ese gusto por desconcertar aunque más no sea un poco, lanza una idea inesperada: “basicamente, Internet es un teléfono. Algo inventado en el siglo XIX”.

-¿Quiere decir que llegó la hora de disminuir las expectativas con respecto a Internet?

-Habría que tener las mismas expectativas que con un teléfono. Y la expectativa tendría que ser poder hablar sin censura. Como artista, tradicionalmente tenías que presentar tu trabajo a un curador o un galerista, y al hacerlo te enfrentabas a un proceso de selección. De modo similar, si sos un periodista o un escritor tenés que presentar tu trabajo a un comité. Esto implica toda una problemática ligada a la crítica institucional, la inclusión, la exclusión. Pero si tenés amigos, podés simplemente llamarlos por teléfono y contarles todo lo que hacés, sin enfrentarte a ningún tipo de censura. Internet participa de ese mismo sistema. Podés contar todo, mostrar todo, no hay censura… pero eso que exhibís solamente es interesante para tus propios amigos. Entonces, básicamente Internet es un medio de fragmentación del espacio público. Este medio de fragmentación del espacio público empezó con el teléfono, con la contraparte de que las conversaciones privadas podían ser escuchadas por los servicios secretos o agentes de seguridad. De hecho, todo lo que pasó con Edward Snowden no es algo novedoso; ya había pasado en siglos anteriores. Con lo cual podemos decir que Internet es un concepto expandido de lo que fue el teléfono. Pero que tiene en foco el tema de la privatización y fragmentación del espacio público.

-En relación a los fenómenos que nos parecen tremendamente novedosos, pero en realidad no lo serían tanto: llama la atención, en uno de sus ensayos, el paralelismo que establece entre el siglo XXI y el siglo XIX, destacando que en ambos períodos se registran política de apertura de mercados, capitalismo creciente, cultura de la fama, retorno de la religión, terrorismo y contraterrorismo. ¿Los enormes cambios por los que atravesó la subjetividad en Occidente no estarían relativizando esas similitudes?

-Bueno, creo que somos mucho más lentos que la gente del siglo XIX (risas). Te voy a dar ejemplos de mi propia vida. Si me invitaban a visitar Buenos Aires en los años 80, ¿yo qué hubiera hecho? Habría llamado a mi agencia de viajes, y efectuado las reservas. Pero actualmente en Nueva York, donde vivo, no hay más agencias de viajes. ¿Por qué? Porque se supone que todos nos ocupamos de hacer nuestras propias reservas por Internet. Así que me paso horas y horas tratando de concretarlo. Otro ejemplo: muchas veces tengo que mandar por correo paquetes pequeños. Y, dadas las modalidades actuales, tengo que determinar yo mismo cuál es el tamaño, el peso, utilizar un programa informático para ver cuánto tengo que pagar, ir a ese lugar y pagar. En realidad, todo es más engorroso en la sociedad del “hazlo tú mismo”. Si comparo todo esto con lo que le ocurría a Leon Tolstoi, que vivía en el siglo XIX, o a Jean-Paul Sartre, que vivía en París, una ciudad que a mediados del siglo XX seguía estructurada como en el siglo XIX… Hoy por hoy simplemente no hay posibilidad de tener el tiempo, la energía y la concentración para escribir una obra como La guerra y la paz. La gente pierde mucho tiempo haciendo las cosas de la vida cotidiana. Nada de lo público funciona por sí solo: se supone que en esta sociedad uno tiene que saber hacerlo todo. Es el lado oscuro del narcisismo, de la privatización. Un proceso que deja al sujeto viéndoselas solo con los problemas de la vida cotidiana. Se supone que uno tiene que aprender todo, que será buen cocinero, se ocupará de su físico, de sus trámites, y siempre estará haciendo algo. Es una característica de nuestro tiempo: la vida cotidiana se ralentiza. El resultado es que hay menos tiempo para dedicarse a trabajar en lo propio. No tenemos tiempo para trabajar porque ocupamos demasiado tiempo en resolver las calamidades de las que se tendrían que ocupar otros.

– ¿Se trataría de un narcisismo social que nos hace sentir poderosos aunque en realidad nos debilita?

-Es que todo esto no me hace sentir poderoso; me hace sentir completamente explotado. Antes de venir a la Argentina tuve que hacer la declaración de impuestos. Todavía me acuerdo cuando uno mandaba toda la información al asesor de impuestos y él se encargaba de todos los cálculos. Ahora tengo que pasarme dos días haciendo los cálculos yo mismo. Pero le tengo que pagar la misma cantidad de dinero al mismo asesor por enviar el documento (risas). Este nuevo sistema social pareciera ser de autoexplotación. Pareciera. De hecho, se nos pone en una situación donde la autoexplotación es algo inevitable. Este nuevo sistema, de alguna manera, es el que nos está explotando. Porque no tenemos la libertad para elegir ni siquiera el modo de explotación, si aparece en cuestiones como pagar los impuestos o viaja. No sé cómo se manejarán en la Argentina, pero en los Estados Unidos los sistemas informáticos se están actualizando todo el tiempo. Asimismo, toda la comunicación con la universidad yo la llevo con Internet: mis estudiantes me presentan los papers a través de Internet, yo los califico a través de Internet, y el sistema informático, que está continuamente actualizándose, me dice todo el tiempo que soy incompatible con los nuevos sistemas recién actualizados. Hago las actualizaciones para que se vuelvan compatibles, pero estos nuevos sistemas son incompatibles con otros programas que vengo usando en otras áreas… Entonces, en vez de dedicarme a enseñar, paso días y días tratando de actualizar mi computadora.

-En Volverse público asegura que Internet nos ofrece “una combinación de hardware capitalista y software comunista”. ¿Esa mixtura estaría presente en los fenómenos de ralentización de la vida cotidiana?

-Es un nivel diferente. Sería el comienzo de la respuesta a la pregunta de por qué Internet es redituable, cómo genera recursos. Porque, si uno trabaja en Internet, si escribe en Internet, no le genera ningún redito económico a las empresas vinculadas con la web. Es diferente a lo que sucedía en períodos históricos anteriores: en términos marxistas, si estabas trabajando, llevabas ese rédito a las personas que eran propietarias del medio de producción. No es el caso en Internet que, de todos modos, genera recursos. ¿Cómo lo hace? A través de la hermenéutica. Porque Internet está interesado en vos no como escritor, sino como consumidor potencial. Analiza tu proceso de trabajo para anticiparse a tus posibles intereses y deseos de consumo. Si yo envío, por ejemplo, un texto vía mail a Buenos Aires, el sistema informático puede deducir que yo quizás necesite un hotel en Buenos Aires: de alguna manera planifica lo que necesito consumir para seguir produciendo. Cuando mando muchos textos por correo electrónico, me comienzan a llegar mensajes con avisos las mejores pastillas para la depresión (risas). Es que, en Nueva York al menos, se dice que escribir mucho es un signo de depresión.

-¿Habría que pensar, entonces, que los occidentales estamos inmersos en un doble discurso permanente? Internet tiende a parecernos un espacio privado aunque en realidad es público; se nos presenta como gratuito, pero no lo es tanto; nos sentimos libres y dueños de nuestras vidas, pero nos estaríamos autoexplotando?

-Primero que nada: lo que ocurre en Occidente ocurre en todas partes. Viajo mucho y lo que observo es que todo está unificado; nunca vi un país donde estas problemáticas no se produzcan. Habría que decir, en todo caso, algo sobre la falta de tiempo: considero que, en realidad, es falta de inmortalidad. Porque los seres humanos sólo tenemos tiempo si tenemos inmortalidad. Si sos inmortal, como en la fe cristiana, podés posponer. Si posponés, tenés mas tiempo. Si creés en el comunismo, también tenés una perspectiva de tiempo inmortal. Porque un comunista considera que el comunismo si no se concreta hoy, se podrá realizar en 100 años. Por el contrario, la religión de nuestra sociedad es una religión de finitud radical. Un nihilismo radical. No experimentaríamos el tiempo como tal si lo tuviéramos, porque nuestra experiencia del tiempo es en términos de falta. Si no tuviéramos esa falta, experimentaríamos al tiempo en términos de espacio.

-¿La sensación de que todo comienza y termina en una sola generación, este vértigo que Ud. suele vincular con la necesidad de novedad continua, complicaría aún más las cosas?

-Absolutamente. Dado que no tenemos este recurso del tiempo, asociamos la existencia humana con la existencia biológica de los cuerpos humanos. Es interesante, por ejemplo, lo que ocurre en el arte, donde la vanguardia estaba asociada con la idea del cambio. Sin embargo, hoy la vanguardia está asociada con la gente joven, sin importar que estos artistas jóvenes estén haciendo lo mismo que hacían las vanguardias del siglo pasado. Considero que esto ocurre porque todo está definido en términos biológicos.

¿Cómo se articula la idea del “diseño total” y de los individuos que aparecen como “artistas y obras de arte autoproducidas” con el modo contemporáneo de construir lo social?

-El diseño total no es el diseño del todo. Por ejemplo, Internet no tiene espectadores. Dios sería el único espectador de Internet, pero no hay espectadores humanos, es un ámbito que se basa en la autopresentación. Parece que nos presentamos en sociedad, pero nos presentamos para nadie o para nosotros mismos. Porque Internet funciona como espejo de nuestros propios deseos o intereses. Mandamos una pregunta, recibimos una respuesta. Es como mirar al espejo y verse a uno mismo: no se obtiene de Internet nada que no se hubiera pedido antes. No recibimos de la Red nada más que nuestra propia imagen. De este modo, el único tipo de relación que uno puede establecer con Internet es una relación narcisista. Podés engañarte a vos mismo y a tus amigos contando lo que pasa, pero eso es más o menos todo lo que ocurre.

publicado en La Nación

 

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Volverse público —Introducción

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Boris-Groys | Going Public

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Antimonumento +43 | a los estudiantes de Ayotzinapa

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Los padres de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa instalaron en el camellón central de Paseo de la Reforma el llamado “antimonumento”, una estructura de tres metros de altura que forma un signo de suma y el número “43”.

Aquí el comunicado que están circulando:

A la sociedad civil y a los medios de comunicación nacionales e internacionales,

El día 26 de abril de 2015, a siete meses de la desaparición forzada de los 43 normalistas de la Escuela Normal rural Isidro Burgos de Ayotzinapa y el asesinato de seis personas más, decidimos instalar en el cruce de paseo de la Reforma y Bucareli el Antimonumento +43.
Si un Monumento remite a un acontecimiento del pasado que es necesario aprehender (en latín momentum significa “recuerdo”), el proyecto +43 es la construcción de un Antimonumento porque no aspira a perpetuar el recuerdo, sino a alterar la percepción de que un hecho es inamovible. +43 se define como una protesta permanente de reclamo y de justicia al Estado en el espacio público. +43 quiere ser una llamada de atención a los transeúntes que cruzan cotidianamente la zona.
Es un anti-monumento porque es una transgresión y un reclamo al Estado que quiere olvidar -¡Y quiere que olvidemos!- la terrible realidad de violencia cotidiana a la cual él mismo nos somete y que ha cobrado la vida de más de 150,000 personas y ha desaparecido a más de 30 mil +43. Lo terrible aún, es que a diario la cantidad de personas asesinadas y desaparecidas aumenta, bajo la total impunidad y responsabilidad del Estado mexicano.
Paseo de la Reforma es la avenida más importante para la memoria monumental de hechos fundamentales que han marcado la historia de México, empezando por la Columna de la Independencia.
Exigimos a las autoridades el respeto a este símbolo de la resistencia por la memoria y la justicia en contra de la normalización de la violencia y la estrategia del olvido que han fomentado la impunidad.
+43 es un Antimonumento porque está destinado a ser retirado el día que el Estado esclarezca los más de 150 mil homicidios y presente con vida a las y los más de 30 mil +43 desaparecidos.

A nombre de los padres y madres de los normalistas de Ayotzinapa firman: Bernabé Abraján Gaspar, Felipe de la Cruz Sandoval y Melitón Ortega.
Comisión +43